Mark Lanegan, la voz rasposa detrás de buena parte de discos escenciales de varias décadas, vuelve a Chile el próximo Jueves. Nos despojamos de toda dignidad y le dedicamos un panegírico.

 

Por Fran

¡Oh, sweet oblivion, feels alright!

Corría el año 1985 y Lanegan daba sus primeros pasos formales en el mundo de la música. Junto a Mark Pickerel y los hermanos Gary Lee Conner y Van Conner, formaría Screaming Trees, una de las denominadas bandas “grunge” que, si bien nunca alcanzó la notoriedad mediática de Soundgarden, Nirvana, Alice In Chains o Pearl Jam, no tendría miedo alguno en calificar como una de las más grandes que se hayan etiquetado bajo ese nombre. Baste escuchar joyas como “Sweet Oblivion” (1992) y “Dust” (1996) (por mencionar los dos discos en que alcanzaron un sonido más depurado y “oreja”) para terminar preguntándome ¿por qué cresta no fueron más conocidos en su tiempo?

Solista, pero nunca solo

Ya a principios de los 90’s, y paralelo a Screaming Trees, Lanegan fue gestando poco a poco una carrera solista, rodeado de los mejores amigos musicales que pudo tener. Si hay una gracia de Lanegan, es que suele estar en el momento adecuado, con la gente precisa y en el lugar correcto. Baste decir que entre los músicos que han colaborado con sus discos en solitario se cuentan nombres como Jack Endino, Mike Johnson, Terry Date, Dan Peters, J Mascis, Ben Shepherd, Chris Goss, Duff McKagan, Bill Riefli, Nick Oliveri, Alain Johannes, Natasha Shneider, Troy Van Leewen, Josh Homme, Greg Dulli, PJ Harvey e incluso Kurt Cobain. De hecho, en el primer disco solista de Lanegan –“The Winding Sheet” (1990)—hay una versión de “Where Did You Sleep Last Night” –el cover de Leadbelly que popularizó Nirvana en su “Unplugged” (1994)—, donde Cobain aporta voz y guitarra y Novoselic el bajo.

 

Bendito seas, Josh Homme, tú y toda tu descendencia

 

Si bien los primeros aportes de Lanegan en Queens of the Stone Age fueron en el disco “Rated R” (2000), me parece de vital importancia resaltar lo que aportó en el aclamado “Songs for the Deaf” (2002). Es más: desde mi punto de vista muy, muy –muy— personal, hace tiempo que bauticé la formación de ese disco como “dream team”: Josh Homme, Nick Oliveri, Mark Lanegan, Dave Grohl… ¿QUÉ MÁS SE LE PUEDE PEDIR A LA VIDA, POR LA CHUCHA? Ya, sí sé que hartas cosas más pero, para mí al menos, bajo esta formación QOTSA dio origen al que sería uno de los mejores discos de la década pasada. Al menos en mi lista personal de “discos-más-la-zorra-de-la-década-pasada” ocupa un lugar privilegiado. Lamentablemente, luego de este disco las apariciones de Lanegan se fueron haciendo cada vez más escasas, rumoreándose que este alejamiento progresivo se debió a los problemas ligados con el alcohol y las drogas que han perseguido a Lanegan desde hace ya bastantes años.

 

En volá de cloro: Lanegan y Soulsavers

 

De todos los proyectos y colaboraciones en que ha estado involucrado Lanegan (que son muchísimos, es cosa de Googlear o Wikipediar un poco), quiero destacar particularmente lo que ha hecho con Soulsavers, debido a que: 1) Le ha permitido explorar nuevos sonidos; 2) Esa exploración musical logró permear su carrera solista; baste escuchar su último disco “Blues Funeral” (2012) para entender de qué hablo. Y es que en los dos discos de este dúo de productores en que ha participado, Lanegan ha llevado su profunda y rasposa voz a cantar música con influencias tan disímiles como góspel, electrónica, country e incluso soul. Muy distinto a lo que venía haciendo durante todos estos años, pero que tampoco ha de extrañarnos sobremanera, puesto que otra característica de la carrera solista de Lanegan es que toma de la mejor forma posible la influencia musical de quienes lo rodean.

The Gutter Twins, o cómo terminar creyendo que todo lo que toca Lanegan se transforma en oro

The Gutter Twins se gesta propiamente tal por allá por el año 2003, pero no es sino hasta el 2008 que, por fin, ve la luz el exitoso “Saturnalia”, disco en que se funde la maestría de las melodías aportadas por Greg Dulli, junto a la oscuridad y sobriedad del toque entregado por Lanegan. Una mezcla perfecta para lo que es, desde mi punto de vista, uno de los mejores discos de ese año. El punto cúlmine, quizás, del flirteo musical que ambos venían cultivando desde hace un buen rato, sobre todo debido a las apariciones esporádicas de Lanegan en el grupo de Dulli, The Afghan Whighs.

Por esas casualidades de la vida, fue justamente con este proyecto que vino por primera vez a nuestro país, en el año 2009. Por eso es que cuando supe que venían, no dudé ni un segundo que quería estar ahí. Y estuve ahí. Y fue en ese momento cuando caché, por fin, que no importa qué tanto recurso técnico y aparataje escénico traigas: cuando unos pocos hueones tocando música acústica logran llenar el escenario y ponerte los pelos de punta, es porque algo maravilloso pasa ahí. Lo mismo que pasó el año 2010, cuando Lanegan volvió como solista, nuevamente en versión desenchufada (apenas era él y otro tipo con una guitarra acústica), y logró montar un show que no tenía nada que envidiarle en intensidad a los más aparatosos en recursos escénicos a los que he ido. Supongo que sólo alguien que haya ido y guste tanto de Lanegan como yo puede entender bien de lo que hablo.

 

 

Bonus: Las novedades del regreso a Chile.

El próximo jueves 12 de abril Lanegan se estará presentando por tercera vez en nuestro país. ¿Las novedades? Son varias: 1) Es primera vez que viene con la “Mark Lanegan Band”, lo que significa que esta vez trae instrumentos “enchufables” y que, por ende, será distinto a las dos veces anteriores no sólo en cuanto a puesta en escena, sino también en cuanto al setlist; 2) Es primera vez que hace un show tan a la conchesumadre del mundo (esta vez será en el Galpón Jaime Guzmán (a.k.a. “Centro Cultural Amanda”); las veces anteriores había tocado en el Teatro Oriente (2009) y en el Cine Arte Normandie (2010)); 3) Viene con un disco recién-recién salido del horno bajo el brazo. Se llama “Blues Funeral” y es una maravilla. Si no lo ha escuchado, le recomiendo darle una pasada.

 

 

El año pasado salió “Last Words: The Final Recordings” (2011), que es básicamente lo último que grabaron los Screaming Trees. La idea era que fuera el álbum sucesor de “Dust” (1996), pero por cosas de la vida recién vio la luz ahora. Otra maravilla de la cual, probablemente, el 12 de abril salga algo.