El origen de esta nota está a principios de año, cuando en marzo tomé el desafío de comer una torre de hamburguesas de la emblématica sanguichería El Tío Manolo. Escribí que sus hamburguesas sabían a cholguán. Meses después, saco cuchillo y tenedor y me almuerzo mis palabras.

No sé si mi cara es muy reconocible o es que nunca olvidas a alguien que sangró por comer muchas hamburguesas, pero apenas pongo un pie en El Tío Manolo, Piare, cajera y encargada de comunicaciones, me dice con cara desafiante “Ah, ¡volviste!”. Casi arrepentido saludo,  y antes que pueda esgrimir alguna respuesta ingeniosa, ya me ofrece una hamburguesa. Venir a comer el bajón acá va a significar 3 kilos más de guata. Elijo una que trae doble hamburguesa, queso, tomate, palta, mayo, ají verde y salsa verde. Se llama “Los 33″ y si los mineros hubieran tenido una de estas abajo en la mina sobreviven todo un año. Pero antes, un poco de historia.

Esto fue lo que escribí originalmente sobre las hamburguesas de El Tío Manolo:

Es una mezcla entre cholgúan y cartón piedra en forma de hamburguesa. Un circulo compacto que está en el límite de ser llamado “carne”. Una hamburguesa debería ser sabrosa, jugosa y blanda

Nada halagador. Pero efectivamente, las hamburguesas sabían a corcho.  No fue culpa mia.

El Tío Manolo debe ser el único lugar de Chile en que el sandwich de la foto es más chico que el real. A la mesa llega un coloso de carne que por segundos me recordó la traumática experiencia de tratar de enguillir 12 de ellos + tocino. Fue como los flashbacks que sufren los soldados en las películas de Vietnam. Pero una mascada y queda claro que esto es otra hamburguesa. La carne es suave, sabrosa, jugosa. La mezcla de los ingredientes del sánguche lo hacen glorioso, en especial la inclusión del ají verde, que le otorga su cuota de frescura.

La carne de verdad está re sabrosa. Casi como una croqueta. “No fuiste el único que dijo que estaba seca, así que le dimos un tirón de orejas al maestro de cocina”, confiesa Piare. El otrora corcho ahora es una sabrohamburgesa. Sospecho, eso sí, que hay más que un simple cambio de cocción, pero haya sido lo que haya sido, el cambio fue para mejor.

El único punto negativo es la sobredosis de palta y mayo que al ser sabores tan fuertes ahogan un poco al resto de los invitados a este sánguche, pero bueno, es un detalle.

Punto para El Tío Manolo. Me obligaron a comerme mis palabras. Sabrosas y jugosas palabras.

 

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