La estrategia comunicacional del gobierno consiste en dos cosas: tomar como base una derecha combativa y activa en las redes sociales e implentar ciertas ideas fuerza más chantas que pescado con hombros. Acá sus 5 principales falacias.

5.- “Ya basta de violencia”

El más fuerte argumento que se esgrime desde sectores de derecha es que en cada protesta estudiantil, surgen focos de conflicto, como saqueos o quema de automóviles. Y tienen razón. Es un hecho que la gran mayoría de las manifestaciones, por sobre todo las convocadas por la CONFECH, terminan en minoritarios actos de violencia.

¿Y qué? Eso pasa en cada manifestación en este país.

Es lamentable que vecinos vean sus tiendas saqueadas o sus escaparates rotos. Pero eso pasa cuando: la selección chilena de fútbol clasifica a algún torneo, cuando el Colo o la Chile ganan algún campeonato o inclusive después del terremoto del 2010. ¿Qué va a hacer el gobierno? ¿Prohibir el fútbol? ¿Cercar la Plaza Italia en caso de que Chile gane el Mundial?  ¿Cobrarle a los equipos los destrozos que hagan sus hinchas en las calles? Los saqueos responden a una forma de ser de los chilenos. Si se juntan más de 5 mil personas en el centro, lo más probable es que un grupo empiece a lanzar piedras. Es el fruto de la sociedad.

Además, ¿quiénes conforman esa turba de exaltados violentistas? Si fuese un grupo de 100 personas, unas 10 serían anarquistas pasados a caca, 20 serían personas que simplemente se suman a la masa, 65 flaites con sopaipas y polerones LaCoste y coronarían el tumulto unos 5 carabineros infiltrados. Las pruebas en contra de pacos infiltrados son tan evidentes y claras que sólo un fuerte sesgo ideológico podría rechazarlas.

4.- “A Camila Vallejo la manejan desde Cuba”

Un viejo pensamiento de la derecha nacional reza que todo descontento social o manifestaciones de grupos contrarios a ellos nacen desde Cuba. Recientemente se ha añadido “Venezuela” como comodín de la frase. El centro de su “razonamiento” tiene dos errores garrafales: pensar que Camila Vallejo lidera un movimiento y creer que Cuba -o lo que ellos piensan que es Cuba- financia o dirige el descontento nacional.

Vallejo, por muy rica y capaz que sea, no maneja este movimiento. Nadie lo hace. Es de todos y de nadie. Ninguno de los movilizados desea que un partido tan tristemente cómodo en su posición, como el Partido Comunista, saque provecho de esta fuerza social. Y tampoco es verdad que se añore un modelo socialista de educación. Chucha, no. Jamás. Sólo se desea una participación del Estado fuerte y decente, como pasa en la mayoría de los países desarrollados. ¿O acaso Corea del Sur es un país marxista por su sistema educacional fuertemente estatal?

3.- “Chile quiere paz”

Si en 1810 hubiera existido twitter, probablemente un grupo de criollos realistas hubiera tweeteado con el hashtag #chilequierepaz. Y ahora tendríamos más plazas de toros que estadios y hablaríamos con ese acento medio lelo de la Madre Patria. La paz, o el orden social, son palabras que esconden el deseo de mantener las cosas inalterables. De hacerse los weones, formar una mesa de diálogo y olvidarse del asunto. Listo. Así, repitiendo lo sucedido en 2006, la Camila Vallejo pasaría a integrar Yingo y Giorgo Jackson a algún partido político de turno. La “paz”, entendida en código facho, representa el status quo.  Nadie quiere una guerra civil, pero es con manifestaciones y marchas cómo se cambian las cosas. No fue sólo el lobby extranjero lo que hizo caer a Pinochet. Fueron marchas, cacerolazos y cadenazos.

2.- “La gran mayoría de los chilenos quiere…”

Esa bella frase, recitada de memoria desde el Ministerio del Interior, es la falacia más grande que hay. Desde gobierno, creen que manipulando el discurso a su favor, es decir, adjudicarse la mayoría a su posición, van a poder zafar de esta. Error.  Son una dolorsa minoría. La contra marcha convocada por las juventudes RN logró reunir a 7 personas. Pueden esgrimirse teorías como que tienen miedo a expresar su opinión, pero los hechos son: una mayoría que convoca a marchas de 150 mil personas, y una minoría que hace lo mismo y convoca a 7 (entre ellos, el doble de Giorgio Jackson)

1.- “Los convocantes demostraron que no pueden controlar las marchas”

Obvio. Esa es precisamente la idea. Es un movimiento sin cabeza definida. Ni Giorgio, ni Camilita, ni menos Bigote Gajardo manejan nada. Conducen de cierta forma la fuerza y convocan las marchas y consiguen los respectivos permisos, pero la verdadera fuerza recae en la ciudadanía.  Volviendo al punto 5, nadie se puede hacer responsable de los destrozos, ya que es una fuerza social. Lo siento Hinzpeter, tu argumento es inválido.