La tentación de escribir sobre la Copa América era casi irresistible, sin embargo, esta misiva de Carlos Montecinos, aparentemente un jóven comeguagua,  nos hizo cambiar de agenda. Chusméala a continuación.

Por Carlos Montecinos

“Los estudiantes son en su mayoría revolucionarios. Revolucionarios por naturaleza, porque pertenecen a ese estrato de jóvenes que se abren a la vida y que adquieren todos los días conocimientos nuevos”. (Ernesto, un ideologizado)

Buscamos el desarrollo. Anhelamos el progreso. Queremos avanzar como país. En las campañas políticas, todos los candidatos utilizan las expresiones “desarrollo” y “progreso”. ¿Pero qué carajo significan?. Hoy en día concertación y alianza entienden estos conceptos de la misma manera: desarrollo económico. En teoría económica este desarrollo es sinónimo de bienestar para toda la población. ¿Es tan cierto? ¿Podemos ver realmente en Chile una mejora sustancial en nuestra calidad de vida bajo la doctrina ciega del libre mercado, de la mano invisible, del chorreo que parece nunca llegar? Y es que luego de más de treinta años de políticas estatales preocupadas exclusivamente del “progreso” a nivel económico nos hemos olvidado de la cantidad de acepciones que la palabra “desarrollo” engloba. “Si hay pecado en ella, el pecado de la economía no es pecado de error, sino de miopía. Ve con exactitud lo que ante ella está pero lo acepta como natural sin percibir que no lo es, sin captar el infinito mundo humano que esa “naturaleza” social ante ella no realiza, ni el inmenso dolor humano que esa realización implica”. (Francisco Rubio Llorente). Y es que me importa un rábano que mi país para el 2014 posea un PIB per cápita de nueve millones de pesos si el 70% de las familias debe endeudarse para enviar a sus hijos a la universidad. Padres endeudados, estudiantes endeudados, carreras sin campo laboral (donde sin un título universitario no eres nadie) en un país desarrollado. ¿Uds lo creen?

Y es que a los chilenos les han hecho creer que si no saben de economía no pueden opinar sobre lo que es mejor para el país. Nos dicen que sin haber hecho un post grado en alguna universidad prestigiosa del extranjero no tenemos derecho a opinar sobre el manejo de la plata de todos los chilenos. ¡DE NUESTRO PROPIO DINERO!. Se nos dice que en ninguna parte del mundo la educación es gratis. Se nos trata de ignorantes y de idiotas, pues claro, con la educación que tenemos deberíamos creerles. Más de treinta años de tratar que no ejercitemos nuestra capacidad crítica, de intentar atrofiar nuestra capacidad de abstracción y de hacernos ejercitar nuestra función del intelecto tan sólo para hacer cálculos matemáticos que ayuden a maximizar utilidades y de pronto se encuentran con una masa furiosa, un estudiantado que lucha por lo que sabe que le pertenece, porque lo ha visto, porque sabe que existe, porque entiende que es posible; nuestros gobernantes ya no saben qué hacer. Y es que les tomó por sorpresa, por supuesto. No entienden que la historia es una señora de digestión lenta. No entienden que la mierda se acumula y que no es necesario un fósforo que prenda la mecha. A veces la pólvora acumulada explota por generación espontánea. Reaccionarios y gobernantes buscan apoyo en la prensa pro status quo. Se nos dice que somos manejados por partidos políticos, que Camila Vallejos es un títere, que somos lúmpenes, que cada manifestación es un llamado a la violencia, al enfrentamiento. No entienden que esto es mucho más grande que los dirigentes y sus partidos políticos. Pues yo se los digo: señores gobernantes, exigir educación de calidad no tiene un color político; luchar por igualdad real de derechos no lleva grabada una hoz y un martillo ni va cantando la internacional. Le recomiendo, Ministro Lavín, cambiar el grado de sus anteojos si no puede ver que garantizar el acceso a la educación no significa más oferta de universidades privadas ni más créditos que el final significan más deudas para la mayoría y más ganancia para unos pocos. No he escuchado absolutamente ningún contra argumento de sus especialistas, sus tecnócratas, sobre por qué no es posible utilizar las utilidades del Estado chileno para crear universidades públicas de calidad, mejorar la educación escolar y atacar los problemas de fondo. No me digan que con esfuerzo y más esfuerzo es posible salir adelante. Si no fuera por los créditos bancarios y las famosas tarjetas de crédito que tienen a más de la mitad de la población con deudas y viviendo por sobre sus posibilidades, su sistema de consumo y crecimiento constante de la economía -”desarrollo”- no se podría mantener. ¡Y es que el sueldo real de un trabajador promedio es igual o menor que hace treinta años!. Ahora expliquen con exactitud señores gobernantes como es que los universitarios, la articulación de lo viejo con lo nuevo, los destinados a superar los errores del pasado no van a levantarse. Donde están sus argumentos de peso para no cambiar el maltrecho y defectuoso sistema educacional; donde están los razonamientos que nos hagan decir “sí, es imposible lo que pedimos”. ¿Saben uds que si en vez de salir en los medios recitando palabras de salva, hablando de desmanes y de intransigencia por no aceptar migajas, dijesen un discurso lógico demostrando la imposibilidad de nuestras exigencias se ganaría a más de medio país y volverían a la opinión pública contra nosotros?

Pero no pueden, porque aunque uds y toda su maquinaria propagandística no se cansen de llamarnos ideologizados uds son los más doctrinarios. Señores gobernantes, dejen las palabras clichés, las frases coloridas pero sin peso y rindan cuentas al país.
Los estudiantes no aceptaremos un “imposible” sin argumentos sólidos. Dejen de tratarnos como si hubiésemos nacido ayer; no se escondan más tras las cribas de sus diplomas y hablemos de tú a tú.

“Para un economista científico es tan insensato rechazar por falsa la ley de la oferta y la demanda que efectivamente gobierna la realidad, como para un astrónomo en sus cabales criticar la ley de la gravitación universal so pretexto de haber él imaginado una forma más conveniente para la ordenación del universo. Lo decisivo es, sin embargo, que la ordenación de las galaxias no depende de los hombres y la del mundo humano sí. En el sistema de aquellas no es posible el errar, pero el mundo humano sí puede ser un mundo falso”. (Francisco, el otro ideologizado)