Mucho se ha hablado del tema de las elecciones de la ANFP, con importantes acusaciones de por medio. La principal apunta al Presidente de la República, quien ha reaccionado visiblemente ofendido. En nuestra columna del día de hoy, analizamos los pormenores de tales imputaciones, antes de que sea demasiado tarde y todo este tema pase de moda.

Es probable que todo se funda en la cadena de sucesos de la memoria del pueblo chileno. Una memoria pequeña, pequeñísima, como la de un pez. O que se pierda en la incomprensible y dolorosa pasividad de esta Nación. Aun así, siempre es bueno dejar un testimonio. Aunque no pase nada. Por lo menos, algo quedará y en el futuro, quizás a alguien le servirá, quizás alguien le podrá otorgar algún valor. Siempre es bueno hacer algo, por insignificante que sea, aun arriesgandose a cometer un error.

El fútbol es un tema que le interesa a mucha gente en el país, pero es probablemente una de los temas menos importantes de los que deberíamos estar preocupados hoy en día. Existe una cantidad abismante de aspectos de la sociedad en los cuales han ocurrido y ocurren injusticias terribles que son muchísimo mas trascendentes. No obstante, cuando una actividad como esta se ve afectada por una artimaña ruin y descarda que se ejecuta frente de las narices de todos y refleja el actuar de personas que utilizan estas prácticas en cada uno de sus quehaceres, no existe tema público que no sea importante. Cualquier tema puede sacar a relucir y ejemplificar los peligros de esta forma de accionar vil y déspota. Más aún cuando es tan popular como el fútbol.

La situación en la que se encuentra Chile con asunto de la elección de la ANFP, es de suma gravedad. Se sospecha nada más ni nada menos de que el mismísimo Presidente de la Republica ha abusado de su poder, y en una maniobra tanto política como económica, tanto pública como personal, ha intervenido en una institución que debiese ser independiente y que se encuentra completamente fuera de su jurisdicción. No es una acusación cualquiera, se está poniendo en cuestión la probidad de un Gobierno. La sospecha está fundada en, entre otros, los siguientes puntos:

(hay hartas cosas ya sabidas, pero muchas cosas por sabidas se callan, y por calladas se olvidan)

  • El conflicto de intereses ocasionado por el dominio de un 12,5% de las acciones de Colo-Colo, una de las instituciones que lideraron la idea de cambiar de presidente en la ANFP, por parte de Sebastián Piñera,

  • la tardísima venta de las acciones en el mismo club –y sólo por el hecho de verse acorralado- de Gabriel Ruiz-Tagle, Subsecretario de Deportes de Chile, y la polémica forma en que se ejecutó esta venta (siendo el comprador un familiar político de Sebastián Piñera),

  • los sorpresivos giros en las decisiones de voto de los directores de los clubes del fútbol que anteriormente apoyaban a Harold Mayne-Nicholls,

  • la improvisada formación de la lista que finalmente resultó ganadora,

  • el testimonio de figuras públicas que admitieron haberse enterado de por terceros de presiones directas desde el Gobierno,

  • la conocida diferencia ideológica insalvable entre Marcelo Bielsa y Sebastián Piñera –un peligro considerando la popularidad del entrenador,

  • la conocida diferencia que sostenía Sebastián Piñera con Harold Mayne-Nicholls fundada en la pugna por la repartición de los excedentes del CDF de los cuales Colo-Colo y los otros grandes exigían una mayor parte de la recaudación (fue el timonel de Colo Colo quien sostuvo la disputa, pero es bien sabido que los presidentes de las S.A. son elegidos por los accionistas y por ende, representan sus intereses)

  • el anuncio de cuantiosas remodelaciones e inversiones en el patrimonio de clubes que votaron por la lista ganadora.

  • la demora en el pronunciamiento al respecto del tema por parte del Gobierno,

  • las acusaciones en contra de Jorge Segovia y los posibles beneficios que podrían recibir sus negocios en el caso de estar coludido con el Presidente de la República,

  • los beneficios económicos directos que podría recibir Sebastián Piñera con la elección de Jorge Segovia, tales como una mayor repartición del dinero de los excedentes del CDF para Colo-Colo o la venta del CDF con las millonarias ganancias que eso significa.

  • el antecedente del sinnúmero de otros negocios por los cuales el Presidente Sebastián Piñera ha sido y es objeto de acusaciones de conflictos de intereses,

  • el antecedente de prácticas políticas indecorosas por parte de Sebastián Piñera, que tiene como ícono más importante el caso PIÑERAGATE (Es importante recordar de que esto no es un invento de la izquierda malpensada. Es una cosa bastante pública que parece no importarle a nadie. Si no lo viste, velo por acá ).

  • El antecedente de prácticas indecorosas (a decir verdad, ilegales) en materia de negocios por parte de Sebastián Piñera, teniendo como uno de los casos más emblemáticos el del Banco de Talca (esta sí puedes anotarla como persecución marxista comeguagua),

  • Un largo etc.

"si wn, ríete no más, el que ríe último ríe mejor"

Ante estas acusaciones, el Gobierno ha reaccionado indignado. Dice ser víctima de denuncias “canallescas”, “infundadas”. Quieren pruebas, y si no las hay, exigen el silencio. La contraparte sólo cuenta con sospechas, y ninguna prueba. Algunos parlamentarios pretenden hallar esas pruebas y buscan llevar el caso a la contraloría. Se ve difícil probar algo así, aunque, quién sabe, la vida da muchas veces giros imprevistos.

Pero la pregunta trascendental que no se ha hecho ni el Gobierno ni quienes defienden a Piñera es: ¿son necesarias las pruebas?

Absolutamente no. Por supuesto que no. Y déjenme aclarar ese punto.

Cuando, durante un juicio, se determina que un juez es incompetente para deliberar por tener alguna relación con el o los acusados, o por participar en una actividad que comprometiera su imparcialidad, o por cualquier otro antecedente que potencialmente pudiera afectar la ecuanimidad de sus fallos, entonces el juez es retirado del caso sin importar que haya consumado algo relativo a estas facultades. Es que la simple sospecha, el simple hecho de que exista la posibilidad de que algo de esto suceda, es suficiente razón para inhabilitarlo.

Este es el mismo principio en lo que llamamos conflicto de intereses. Es difícil de probar el usufructo de los poderes políticos en beneficio de asuntos personales y negocios cuando se es fiscalizador y fiscalizado, benefactor y beneficiario. Se está en una posición siempre ventajosa. En caso de sospecha o duda, siempre correrá con ventaja. Por eso, las leyes y medidas en contra de los conflictos de intereses van a la raíz del problema y tratan de evitar la sospecha misma. Que no exista ni siquiera la posibilidad de que se pueda sacar provecho del cruce entre el poder que le confiere un cargo político a alguien para sus asuntos personales, por sobre todo, en el caso de los altos mandos tales como los presidentes, cuyo cargo se involucra prácticamente con todas las áreas y actividades que se desarrollan en un país.

¿Por qué es necesario todo esto? Porque, en el caso contrario, (en nuestro caso) cuando alguien no abandona los negocios que visiblemente pueden verse beneficiados por medidas administrativas correspondientes al cargo político que la persona en cuestión ostenta, la población está obligada a confiar en que el político “actúa de buena fe”. Fe, y nada más que fe, ya que se sabe y se conoce que de poder sacar provecho, puede, y nadie puede negar eso. Entonces, quienes nos aseguran la buena crianza de Piñera y catalogan de viles todas las dudas y sospechas, nos están pidiendo que cerremos los ojos y confiemos en el Presidente de Chile. Pues bien, hace falta decir algo, y decirlo bien claro: esto no es un consejo de curso ni una relación entre amigos, es un Estado en el cual la probidad debe ser asegurada, no por la buena onda ni la fe, si no que por hechos concretos y palpables. Y son ellos, los políticos, quienes tienen que darnos pruebas a nosotros de aquello, y no nosotros a ellos.

Es por eso que la sospecha nuestra no requiere de pruebas. Todo el escenario en el que nos encontramos existe gracias al actuar de los que están siendo objeto de nuestras acusaciones. Porque la única forma de haber evitado todas estas imputaciones, de que nadie pudiese sospechar, y de que, en definitiva, no existiera ningún conflicto de intereses, hubiese sido que el señor Sebastián Piñera no hubiese desoído el llamado a elegir entre sus negocios o la política, que se hubiese decidido a vender EN UN PRINCIPIO, ANTES DE ASUMIR SU CARGO POLÍTICO todo el patrimonio con el que se pudiese ver beneficiado con su poder como presidente.

¿Y qué pasó? Todo Chile lo sabe y no hay quien pueda negar que simplemente NO QUISO. Él sólo hizo lo que quiso. Y cuando lo quiso. Y COMO MIERDA QUISO.

Es por eso que tenemos todo el derecho de sospechar y acusar. No nos van a venir a decir que no tenemos alguna razón para hacerlo. No sean descarados. Sus pruebas, con todo respeto, señores, métanselas por donde mejor les quepa.

PD: Y no, señor, ya no importa si vende sus acciones de Colo-Colo ahora que las elecciones ya fueron y la cagada ya está hecha.

Sebastián Piñera, un hombre de integridad incuestionable

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