bolivia

Hace unos días el senador Pablo Longueira ofreció una suerte de proyecto para entregarle mar a Bolivia, algo que llevan clamando desde que lo perdieron en la Guerra del Pacífico. Una idea descabellada, según muchos. ¿Pero es para tanto? ¿No tenemos acaso pedazos inservibles de costa que podríamos regalar? Acá, 5 localidades que podríamos ceder y no echar de menos jamás.

5.-La playa artificial de Calama

calama

La ciudad de Calama está ubicada en el desierto, a 137 kilómetros del mar. ¿Cómo una ciudad desértica puede ser una alternativa para darle soberanía marítima a Bolivia? Fácil: Calama es, según diversos ránkings, la ciudad más fea de Chile y probablemente del cono sur -podría rivalizar con Tacna pero ahí al menos hay piratería y eso siempre es un plus-. Sus calles naranjas, su luz grisacea que devela el peor lado de la materia, sus miles de ampliaciones caseras sin terminar (un decreto eximía de impuestos a las casas mientras durara la ampliación, así que los calameños no hallaron nada mejor que dejarlas eternamente con palos y paredes a medio construir). Además, es la ciudad con la tasa de suicidios más alta de Chile y probablemente con más botillerías per cápita.  Así que lo más lógico, sería bombardear la zona de Calama, y así crear lo que con el tiempo se podría llamar “el cráter de la concordia”. Ahí se podría asentar territorio boliviano, con una carretera directa hacia el mar. Las pérdidas serían mínimas (si es que evacuamos antes a la gente, nunca tan bestias, ¿pero dónde meter tantos topless?).

4.- San Antonio

Detrás de esto, hay mar

Detrás de esto, hay mar

Las excelentes prestaciones de uno de los puertos más importantes del país podrían ser una gran cesión para nuestra vecina nación. Esta zona, que solía importarle a alguien, ya no parece valer nada. O al menos esa es la impresión que nos deja la autorización para construir esa aberración arquitectónica y paisajística que tapa casi toda la vista al mar desde la entrada principal de la ciudad, el Mall Arauco. Así, cumplimos con el cacho de regalarle algo a Bolivia y de paso, honramos nuestra famosa picardía regalándoles una ciudad sin vista al mar.

3.- Tocopilla

tocopilla, mi ciudad

Los chilenos en verdad no tienen muchas ganas de entregar nada. Es tanto así que prefieren desarrollar estrambóticos proyectos (que si lo llegaran a construir, me saco el sombrero) con tal de ceder lo mínimo posible. Es por eso que, en el caso de estar obligados a entregar una salida marítima en contra de su voluntad, la sensacional ciudad de Tocopilla podría ser la solución que aúne todos los criterios. La pintoresca Tocopilla cuenta con una tradicional arquitectura adornada con un toque moderno y tecnológico dado por las modernas instalaciones que manufacturan harina de pescado y las termoeléctricas. La costa de Tocopilla además cuenta con aguas y arenas contaminadas con grandes cantidades de sedimentos tóxicos, la fauna y la flora marina está hecha bolsa, y un aire gris, denso e irrespirable recorre las bellas avenidas de la ciudad. Como el Estado gasta mucho haciéndose cargo de tal atracción turística, la cesión de Tocopilla mataría múltiples pájaros de un solo tiro. Mejor, imposible.

2.- Bahía Inglesa

Bahia Inglesa

Si hiciéramos el ejercicio de pensar en la cantidad de dinero con el que las arcas fiscales chilenas cuentan, y además, pensáramos en su precedencia, nos daríamos cuenta de lo agradecidos que deberíamos estar del norte grande. Toda nuestra plata (“el sueldo de Chile”) proviene de territorios que alguna vez fueron bolivianos. Haciendo ciencia ficción, podríamos pensar también en cómo sería nuestro país sin las bondades de este gran pedazo de tierra gallarda chilena. Bastaría dos minutos de pensamiento apocalíptico dantesco más una pequeña sesión de historia cruda para rápidamente regalarle a Bolivia una espectacular playa como Bahía Inglesa más una carretera con descuentos en el peaje incluidos, después de todo, se los debemos. Quizá así lograríamos una sana exculpación cristiana.

1.- Corredor marítimo en Arica

CORREDOR ARIQUEÑO

Hola. Soy Jaimada, ariqueño. Quisiera contarles un poco qué significa para mí el corredor marítimo en el paso de Chacalluta: nada. Es un pedazo de tierra muy chico al cual nadie va jamás. Queda cerca del aeropuerto. Listo. Eso es todo. Los chilenos que la conocen lo han hecho únicamente cuando toman el colectivo a Tacna.
A juzgar por la animosidad frente a la idea de entregar ese pedazo de tierra, la única razón aparente para no otorgar tan insignificante territorio es por “el horror de entregar lo que fue ganado con la sangre de chilenos” y por algún ariqueño que dice que le van a achicar Arica (y repito, allí no hay nada que un ariqueño conozca). Pues bien, lamento que hayan muerto soldados para que algunos ingleses y algunas familias aristocráticas chilenas pudieran contar con salitre, pero para mí, esto es lo mínimo que le podríamos dar a un país al cual masacramos. Lo único que supongo que tiene valor de ese lugar, serían las momias de la cultura Chinchorro, pero pa qué estamos con cosas si, como bien dijo mi querido colega Sebosnia, “si encontraran momias ahí, harían pasar el rally Paris-Dakar”.