sudafrica

En estos días nadie quiere que se termine el mundial de Sudáfrica; han sido varias semanas del mejor futbol del mundo, en un país que lucha por sanar sus heridas de un pasado vergonzoso. Pero para algunos sudafricanos, el Mundial los confinó a pequeñas mediaguas metálicas de 3 por 6 metros en un peladero olvidado de Ciudad del Cabo. Esta es la historia de ciudadanos africanos que no vieron ni un centavo de los 6 mil millones de euros que se invirtieron en el mundial.

Para Sudáfrica, ser elegido como la sede del Mundial de futbol fue casi como ganar la copa misma. Fue una suerte de augurio de que vendrán cosas mejores, y también un voto de confianza que los sudafricanos sienten que se extiende para toda África. Cuando en 2004 se anunció que albergarían el campeonato mundial, se sabía que Sudáfrica tenía mucho que construir. No tanto en estadios, ya habían sido sede de mundiales de rugby en 1995 y cricket en 2003, sino en caminos, telecomunicaciones y transporte, falencias eternas del país.

Lo primero que resalta al buscar sobre este mundial, es que nadie sabe bien cuántos millones de euros se han invertido. El gobierno sudafricano esperaba invertir 1210 billones de pesos, algunas cifras de prensa de 6 mil millones de euros. Como sea, en los últimos años Sudáfrica ha sido el principal destino de millones de euros y de dólares. Sólo para levantar el estadio Mbombela de Nelspruit se necesitaron 134 millones de dólares, y apenas albergó 4 partidos en todo el mundial (entre ellos, la victoria de Chile ante Honduras).

Para un país ser elegido como sede de la Copa del Mundo, necesita contar con 12 estadios con capacidad para 40 mil personas y uno para 80 mil personas. Además, necesita contar con tecnología de comunicaciones, transmisión, transporte y alojamiento. Sudáfrica contaba, antes del mundial, con un sistema de carreteras interestatales basadas en el modelo estadounidense de caminos. Todo lo demás, lo tenían que construir.

En febrero del año 2007, Trevor Manuel, el ministro de finanzas, develaba ante el congreso el ambicioso presupuesto para financiar el mundial; no sólo se necesitaba erigir un estadio emblemático, se tenía que invertir en transporte y telecomunicaciones. Era uno de los anuncios más millonarios de la historia del país: 17 mil millones de ruan serían invertidos en infraestructura, algo como 1795 millones de euros, o 1210 billones de pesos chilenos. De esos, menos de la mitad irían destinados a construir estadios, la mayoría iban para construir infraestructura de apoyo, mejorar el transporte público, la industria hotelera y las telecomunicaciones.

Pero eso fue antes del mundial. Antes de las huelgas del transporte, de los atrasos en la construcción de los estadios y los cuestionamientos a la capacidad organizativa del país africano.

Fair play

Suena el pitazo, y los jugadores, jueces y la Jabulani comienzan a moverse en el partido inaugural del mundial. Es México contra los dueños de casa, que estuvieron a punto de ganar el encuentro, si no fuera por un descuento a 11 minutos del final de los pies de Rafa Márquez. El partido queda empatado a un gol y las esperanzas del combinado sudafricano crecen; hicieron un buen partido y estuvieron a punto de marcar el segundo gol varias veces. Pero a varios kilómetros de Johannesburgo, en Ciudad del Cabo, un grupo de sudafricanos no ve el partido. Podrían ser falta de ganas, o porque el fútbol tiene una fanaticada bastante reducida en este país de rugby y cricket. Pero es una razón mucho más simple: no hay luz eléctrica. Es Tin Town, una villa de uniformes láminas de latón asentadas en la arena roja de Sudáfrica.

Tin Town podría traducirse a Villa Lata, pero tiene un nombre mucho más sobrio: Blikkiesdorp. Es una aldea de mediaguas metalizadas, cada una de 6 por 3 metros, sin electricidad ni duchas. Los baños son pocos y deben ser compartidos por las 1,667 familias que residen allí.
-Es como un campo de concentración. Y hemos sido botados acá por culpa de la Copa del Mundo.- dijo Mark Smith para el diario británico The Sun. En esta villa de metal han sido relocalizados indigentes y buena parte de pobladores que se tomaron la Symphony Way hace unos meses, una carretera en las afueras de Ciudad del Cabo (del cual hay un documental disponible acá).
-Las autoridades nos botaron acá porque se avergüenzan de nosotros. No somos la imagen de Sudáfrica que quieren mostrar para la Copa- dice Johan Jordaan, del comité que se encarga de hacer ollas comunes para la población. Adentro de las casas (si es que pueden llamarse así), durante el día se convierten en un horno bajo el sol, que aunque sea invierno en Sudáfrica pasa los 30º sin problemas. De noche las temperaturas bajan y se transforma en otro aparato de línea blanca, un freezer.

A pesar de las miserias, para alguna gente esto es una mejora. Andrew Maqoyile trabajó en la construcción del estadio Green Point.
- Pasé todo el tiempo que trabajé en la construcción de Green Point durmiendo en la calle e iba al baño en unos arbustos. Para mí esto es mucho mejor que dormir afuera. Tengo una casa. Ahora sólo falta el trabajo.

Visita

Cesar Vera es periodista de Chilevisión y viajó al mundial a seguir los partidos de la selección chilena. Así, estuvo en todas las ciudades donde la selección disputó sus encuentros, en Nelspruit, Pretoria, Puerto Elizabeth y Johannesburgo. Su juicio es crítico: “Sudáfrica no estaba muy preparada, le faltó mucho”.

De las grandes inversiones, Cesar Vera vio pocas. –Le faltaba tiempo a Sudáfrica para preparase, cuando jugaba Brasil o Argentina no había dónde hospedarse. A Pretoria viajamos en auto, y a pesar de que la carretera estaba en buenas condiciones, me contaron el camino a Puerto Elizabeth estaba lleno de interrupciones que hacían que el viaje se alargara en una o dos horas más.- dice Cesar, hoy en Chile.

Pero también el transporte, uno de los requerimientos claves de la FIFA, era deficiente. –El Transantiago, al lado de lo que vi, es Hollywood. El transporte público es muybus_sudafricano malo. No se usan mucho los buses, sino unas pequeñas van, como furgón escolar. En los paraderos uno podía ver 50 personas haciendo fila para poder subirse, y a veces estaban dos o tres horas esperando. Las pocas micros grandes que habían, pasaban llenísimas-.

Las telecomunicaciones tampoco estuvieron a la altura. –La velocidad del internet era muy baja, muy primitiva, casi como cuando llegó a Chile en los noventa, muy lento. Por ejemplo, la página de Las Últimas Noticias, que siempre es pesada de cargar, a mí no me abrió nunca. Nosotros teníamos que despachar por internet y se caía a cada rato, teníamos que retomar las subidas muchas veces. Era un parto.- cuenta Vera.

Las promesas que el Ministro de finanzas Trevor Manuel había hecho hace 3 años parece que no eran más que eso. Ninguna de las inversiones anunciadas estuvieron a punto para la fecha del Mundial. Lo que es peor, poco les quedó para los sudafricanos. Lo único concreto que les dejará este Mundial serán los estadios. De un futuro mejor o avances en infraestructura urbana, nada. Pero siempre pueden sacarle dinero a los estadios: Los que fueron construidos para el Mundial de Corea y Japón en el 2002, ahora se arriendan para bodas y eventos.