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Tuvimos la suerte de probar en forma exclusiva, un adelanto de Final Fantasy XVII. O esa fue la impresión que tuvimos al ver la banda de visual kei Versailles en el Teatro Teletón. Un show con japoneses locos y un juego con la mejor gráfica del mundo.

Mucho nos hemos quejado que somos un medio chico y visto con desdén por otros que siempre se acreditan a todo. Por eso no pude decir que no cuando me ofrecieron acreditarme para el concierto de Versailles, una banda japonesa que nunca en mi vida había oído nombrar si quiera.

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Una muestra del público

El domingo afuera del Teatro Teletón, en la cuadra llamada Mario Kreutzberger, miles de adolescentes vestidos de negro, con bolsitos cruzados y vuelitos blancos esperaban que abrieran las puertas. Ahí fue cuando caché cómo se pronunciaba el nombre de la banda, ya que comenzaron a gritar “VERSALLES, VERSALLES”. Llegué unos minutos más tarde lo acordado y casi me quedo con el grupo de fans que pagaron hasta 50 mil pesos por ver a los japoneses. Por suerte logré entrar a prensa, donde sólo había un par de fotógrafos y gente de la producción. Ni El Mercurio ni La Tercera mandaron a alguien a cubirlo. Después se preguntan porqué la gallá joven no compra sus diarios…

En un momento abrieron las puertas de la cancha Vip y como pudieron, decenas de niñas corrieron a la reja mientras que con una mano sujetaban sus vestidos victorianos. Otras lucían gorritos que desafiaban las leyes de la física newtoneana y ni se movían cuando corrían por quedar cerca a sus ídolos.

Mejor. Gráfica. De la historia.

Mejor. Gráfica. De la historia.

Cuando por fin comenzó el concierto, entendí el porqué de la devoción.Versailles era el mejor juego de Playstation de la historia, con unos gráficos que parecían sacados de la vida real. Apenas salieron al escenario, comprendí que estaba viendo un cutscene de algún Final Fantasy que John Titor, nuestro corresponsal en el futuro, había mandado de regalo a nuestra era. El guitarrista, en vez de espada, llevaba una guitarra, el baterista parecía listo para sacar pociones de su bolso, la bella guitarrista parecía una pirata espacial y el vocalista, el enemigo final antes de que se transformara en un monstruo con tentáculos.

Estaba sacándole fotos a la guitarrista cuando Germán, mi contacto de prensa, me dice “Weón, es un hombre. En la conferencia de prensa habló así”, dijo poniendo una voz grave y rasposa, mientras levantaba los hombros. No podía creer que la guitarrista princesa pirata espacial fuera un

La princesa tiene pene

La princesa tiene pene

guitarrista princesa pirata espacial travesti. Antes de que los 3 otakus que visitan BrontoBeats me tilden de ignorante, sé que en el teatro japonés era común que los hombres interpretaran papeles de mujeres ya que ellas no podían actuar, pero… ¡es el 2010! Nadie necesita vestirse de mina… a menos que sienta placer haciéndolo, claro.  Y parece que ese era el caso, ya que entre canción y canción, la guitarrista se sentaba en un escalón a abanicarse.

Después de unas canciones, la prensa tiene que irse a un palco. El público está lleno de adolescentes maquillados y disfrazados, pero apoyada en una pared, mirando el escenario sin mucha atención, está una inconfundible mamá, que parka en mano, espera que termine el show para llevar de vuelta a la casa a su hijo o hija. Lo más probable es que haya sido hija, porque la cantidad de mujeres era muy superior que al de hombres. O al menos eso parecía con cada grito colectivo que el público se mandaba cuando el guitarrista avanzaba hacia ellos.

La música de la banda también era como de Final Fantasy. Siguiendo la clásica manera de hacer canciones del J-Rock -esto es, una canción hecha con varios pedazos, pero todos con una batería infernal- hicieron alucinar al público. Pero excepto un par de canciones, eran todas malas, una mezcla de ocarinas y flautas con guitarras distorsionadas. Eso sí, la guitarrista pirata espacial travesti era seca, dejaba a Joe Satriani llorando en su casa.

Desde el palco, se podía apreciar en su real dimensión el concierto. El teatro se veía lleno y el público movía las manos todos al mismo tiempo. También llevaban rosas para tirarle a Versailles, y el vocalista las agarraba, las besaba, y las tiraba de vuelta. La guitarrista pirata espacial travesti cada vez que tocaba un acorde, movía la mano hacia arriba como si su mano fuese una pluma. Ahí Germán, mi amigo y contacto de prensa dijo “Apuesto que después del vocalista, ese weón es el que más minas se come”. Yo no le creí. Ni el guitarrista se lo creyó.

Ah, para que vean que la princesa de verdad habla así: