Beachwood Sparks

Los aliens hoy nos pidieron que nos fueramos en la volá pachamámica y Jaimada, como buen representante estelar de la humanidad, puso el pecho frente a las balas y dejo que su pincel pintara la paz y la justicia y el amor hombre-flor.

No recuerdo como llegué a conocer a este grupo, pero de seguro es una anécdota fomaza, sin ningún toque cool que destacar.
Pasaron completamente desapercibidos, una muestra de ello es que en youtube hay pocazos videos de ellos, y casi todos de la misma canción, que ni si quiera le pertenece (excelente cover, por cierto).
No son la última chupá del mate, son piolas, pero tienen un disco muy rescatable: “Once We Were Trees” (título más jipi no puede existir en el universo). Suenan como cualquier banda medio indie-folk (los gringos llevan 70 años, desde el blues hasta el Indie, mezclando su folklore con la música pop, al más puro estilo de los megainnovadores representantes chilenos del neofolkláser), medio tirado hacia los sonidos galácticos de la estratósfera, y con un toque no menor de amor pachamámico: los tres ingredientes que podrían formar un grupo pa que más desabrido. Pero no, no lo son. O al menos no siempre. Tienen cosas que los hacen medios insípidos, pero a mí este disco tiene cosas que me encantan, es pulento, y pese a estar cerca de, no alcanza a ser cursi.

Esta canción no sé porque me trae recuerdos,  muchos recuerdos, la mayoría de ellos completamente inventados. Como cuando en las series clase B cuando aparecen flashbacks que muestran como sería el presente si hubiese abortado a Troy o Jenny no hubiese engañado a Walshefers con el gásfiter.
Pero todos mis recuerdos son felices. Cuáticamente felices, pero felices al fin y al cabo. Eso es lo bueno.

toma eso alien! a ver si nos bombardean ahora!

toma eso alien! a ver si nos bombardean ahora!

Recuerdo que en el famoso libro del famoso watón Jodorowsky,“Psicomagia”, (la próxima semana sin falta publico el post que les debo sobre Paulo Coehlo, ya?) aparece una idea que me dejó pensando un rato largo. Jodorowsky decía que él cree que el arte que la lleva y que debería llevarla, es el arte “para sanar”. El concepto es aún más jipi que todo lo que podrían hacer los cabros de Beachwood Sparks, es más, en una competencia mundial de jipismo, podría destronar a John Lennon en persona. Pero es una idea muy extraña que me llama mucho la atención. Con respecto a lo que nos convoca ahora, ejem, la música, mi apreciación sobre esa frase es más o menos ésta: yo al menos, no imagino que eso significa que se formen bandas de rock-chamán o que la música pop sea reemplazada por cantos Hare Krishna, o organizar una protesta con flores para que las intendencias no autoricen nunca más un concierto de música que no se realice con el publico desnudo. Como lo veo yo, el arte que podría llamarse arte para “sanar” es aquel que produce una profunda felicidad, independientemente de la tristeza superficial que produzca en algunos casos.

Para mí, este es uno de esos casos. Seguramente la canción no es de lo más alegre, de hecho, tiene una armónica, símbolo internacional de la soledad campechana. Pero como todas la buenas canciones tristes, produce una sensación media melancólica, media solitaria, media inexplicable, pero que poco a poco, con el debido entusiasmo de la parte que oye, puede transformarse en una expresión de amor.

UUUUUYYYY DIJO AMORRR  ¡¿JAIMADA ESTÁ ENAMORADA?!  ¡¿JAIMADA TIENE NOVIO?!  Sí, sí, soy tu nena.

UUUUUYYYY DIJO AMORRR ¡¿JAIMADA ESTÁ ENAMORADA?! ¡¿JAIMADA TIENE NOVIO?! Sí, sí, soy tu nena.

Bueno, a lo que me refiero con esto, es que si ciertos requisitos se cumplen, si ciertas voluntades existen, es muy posible encontrarse con pedazos pequeños de algo que podríamos llamar arte, que lo conecta a uno con las cosas que, creo, son las importantes: muy difíciles de explicar, intensas, súbitas, y muy comúnmente, brevísimas, pero profundas, tan profundas que se pierde las sensación del tiempo como una línea constante: quizá un solo instante de plenitud puede superar años de sufrimiento, por la diferencia de intensidad.
Pero lo trascendental, es que esa felicidad de la que hablo, no es necesariamente un momento de risas o sonrisas, es quizá un llanto raro, o un momento en el que no hay ningúna expresión exterior, pero que es inmensamente feliz en su esencia.
Eso me pasa con la música “triste” que escucho, que algunos confunden con música depresiva. Es música que me hace completamente feliz.
Bueno, voladas míshticas mías, yo me entiendosh.

Beachwood Sparks – The Good Night Whistle

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The train
Is going
To sleep
Tonight…

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