uy que mino
Luego de meses, las extorsiones de los hobnis en forma de holograma-fax han vuelto a aparecer en las oficinas de Brontobeats, por lo que nos hemos visto obligados nuevamente a desempolvar una canción en pos de la supervivencia del mundo como lo conocemos.

Jeff Bucley murió ahogado por allá por el año 1997. Estaba en plena cúspide de su carrera. Y zás, murió. De esas formas que uno no se esperaría jamás que podría morir. Pero así pasa: un día, te mueres y ya está. Puede ser salvando a tu país de la amenaza terrorista, cruzando la calle, cagando o sacándote una pelusa del ombligo. Nadie lo sabe con certeza.

Buckley, al momento de su muerte, gozaba de fama, dinero y el respeto de la crítica y los oyentes no-monos. Pero a la pelá, eso no le importa, como tampoco le importó haberse llevado a su padre Tim, igual de infinitamente talentoso, prácticamente a la misma edad.

Jeff murió en un río. En el río Wolf. Nadó hacia el centro y la corriente se lo llevó. Estaba con alguien y ese alguien, apenas se dio vuelta, lo perdió de vista. Se sumergió en lo profundo y lo encontraron varios días después, con las relaciones que lo componían ya desintegradas.

Los ríos  son así, peligrosos, impredecibles, pero a la vez escenciales para la construcción de las cosas que viven y, por ende, hermosos, imprescindibles. Si bien morir joven nunca podrá ser algo que alguien considere como un acontecimiento feliz, que te lleve la fuerza de un río es un bello consuelo.  Es casi como te lleve un sobredosis de vida, insostenible para cualquier cuerpo. “Oh, What a way to go”, le escribió PJ Harvey.

En aquél río Wolf, en Memphis, Tennessee, Jeff Bukley se hundió para siempre. Con sus zapatos y sus ropas puestas. Dejó unas cuantas melodías y un disco por hacer, y quién sabe cuantas cosas por decir. Pero lo dicho y hecho fue suficiente como para decir que, si bien muchas de sus relaciones que lo componían desaparecieron aquel día, ahogadas por un oxígeno irrespirable por los hombres, las relaciones más importantes se prolongaron en el tiempo espacio y no dejaron de habitar el mundo nunca. No es que uno diga “ay, se murió su cuerpo, pero el recuerdo vivirá para siempre”. No, es muy diferente. Cuando las relaciones que a uno lo componen sobrepasan en proporción el nivel de las relaciones caducas que a todos nos componen, uno puede transformarse, al momento de perecer, literalmente, en un muerto en vida.

Ésto sólo se explica de una forma:  lo hecho, como ésta canción, tiene que poseer una potencia avasalladora y una vitalidad que le son esquivas a la mayoría de los creadores sedientos de trascendencia.  Es ésto lo que lo mantiene vagando errante por las vidas de muchos, como si fuese un fantasma. Un verdadero fantasma invocado por algún conjuro. Pero un fantasma de esos que te conversan, te cuentan cosas o te dan consejos, jé.

Bueno, con ustedes, Jeff Buckley, el fantasma:

Jeff Buckley – So Real

Love, let me sleep tonight on you couch
And remember the smell of the fabric
Of your simple city dress

Oh… that was so real

We walked around til the moon got full like a plate
The wind blew an invocation and I fell asleep at the gate
And I never stepped on the cracks cause I thought Id hurt my mother
And I couldnt awake from the nightmare that sucked me in and pulled me under
Pulled me under

Oh… that was so real

I love you, but Im afraid to love you
I love you, but Im afraid to love you

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