cepech mode 077

Después de 12 años, Depeche Mode volvía a pisar esta angosta faja de tierra. Las expectaciones eran altas, pero el concierto no fue ni bueno ni malo. Fue simplemente, frío.

El concierto de Depeche Mode lo venía esperando desde Julio, cuando aproveché de comprar mi entrada antes de que la crisis me golpeara y quedara cesante (ojalá fuera chiste, si me quiere contratar para pintar casas mi mail está en el contacto). No me iba a perder la oportunidad de escuchar Enjoy The Silence en vivo, cualquier fan de Depeche coincidirá que esa canción es lo máximo de cualquier concierto, es cosa de ver alguno de sus tantos dvds.

Pues bien, Enjoy The Silence fue lo más fome del recital. Pero comencemos desde el principio.

El Club Hípico se ha transformado en el reemplazante de facto del Estadio Nacional. Antes de su remodelación, desde que Chiledeportes se acabronara con un bien nacional (que se supone es de todos, no sólo de cierto equipo sin estadio que lo arrienda para jugar de local ahí), el Club Hípico ha albergado varios conciertos. Desde los imberbes Jonas Brothers (Jaimada quiso ir pero se agotaron las entradas) hasta Iron Maiden. Y bueno, todos los góticos que hemos han ido a una Open Blondie saben que es bien bonito. Pero los conciertos se hacen en la “cancha”, que no es otra cosa que la parte central de la pista de caballos. No está pensado para humanos, sino que para equinos. De hecho, a la salida de Los Fabulosos Cadillacs tenías que luchar contra zanjas, barreras y el Vietcong para poder llegar a la calle.

A Depeche Mode fui con una amiga que es fanática. Tanto así que quería llegar a las 3 de la tarde. La convencí para llegar a las 6.

Creo que nunca había esperado tanto por un recital. Estar desde las 6 de la tarde, haciendo nada más que comer galletas y sacar pedazos de pasto, no lo hago por cualquier banda. Era Depeche Mode, nada menos. Puntualmente, pasadas las 9, empezó el concierto.  In Chains, canción que abre el disco Sounds of The Universe, abrió también el recital. Apenas Dave Gahan se acercó al micrófono me di cuenta de algo: no veía nada. No soy un tipo muy alto, pero siempre puedo ver cuando estoy en cancha. No sé si los fans de Depeche son más altos que el común, pero ni aunque estirara mi rechoncha humanidad en su máxima capacidad podía ver el escenario. Por suerte salvaron las pantallas gigantes que incluía su show.

Ni siquiera veía así, tenía la cámara levantada encima de mi cabeza

Ni siquiera veía así, tenía la cámara levantada encima de mi cabeza

Con las primeras canciones, mi amiga se tiraba el pelo de felicidad. Pero la verdad es que estaban bien desganados tocando. O sea, está bien, es Chile, un país al fin del mundo que confundieron con Perú, un territorio sudaca del montón, pero nadie los obligó a salir de gira. En los dvds de sus conciertos son unos rockstars de la música pop electrónica, de hecho lo que más quería mi amiga es que Dave Gahan se sacara la ropa y le bailara a ella personalmente. Afortunadamente para mi, eso no pasó (me hubiese dado lata caminar hacia la Alameda solo mientras mi amiga está en el camarín de Gahan), pero para ella fue una decepción completa. En el fondo, el show que prometía Depeche Mode, no se cumplió.

Por ejemplo, cuando salió Martin Gore a cantar, el concierto se puso más fome. No es porque nuestro amigo Gore cante mal, pero no le puso mucha emoción, ni siquiera a Home. O con Enjoy The Silence, que en vez de ser un punto alto del concierto, fue más bien olvidable. Hicieron una versión más lenta, más desganada. Fome.

Para ser justos, hubo momentos en que Gahan y Gore sí se prendieron (no cuento a Fletcher porque desde donde estaba, simplemente no lo veía).A question of time, It’s no good y Never let me down again fueron tocadas a la perfección y justifican todo el concierto. Después de escucharlas me di por satisfecho. Pero es de extrañar que el setlist de este lado del mundo no incluyera Everything counts, Come back (una de las mejores del Sounds of the Universe) o A question of lust, todas canciones que sí incluyeron en otras fechas.

Ropa brillante para los regalones

Ropa brillante para los regalones

O sea, no fue un mal concierto, lo pasé bien a ratos, pero tampoco fue memorable. Es como si Depeche Mode, en vez de tener una buena noche de sexo con nosotros (algo que quería el 100% de las mujeres en el público y el 67% de los hombres) , nos hubiese “dado la pasada” sin ganas y rápido. Sé que suena asqueroso, pero en conciertos como 101 o One night in Paris hicieron algo más parecido a sexo grupal que a lo que hicieron acá.

Al final, cuando se despidieron con Waiting for the Night, pensé que iban a seguir tocando. Ni siquiera avisaron que se iban. De hecho, la gente no sabía si irse o esperar a que salieran de nuevo. Finalmente comenzó a sonar música de relleno y emprendimos la caminata de vuelta a nuestras casas. Por la Alameda vi a un tipo con corona y capa, como en el video de Enjoy the silence. Caminaba con la vista pegada al suelo; se vistió para la ocasión pero Depeche Mode no lo pescó.

Relacionados