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Un argumento recurrente en boca de quienes condenan las manifestaciones es el que titula este artículo.  Pero ¿para qué celebra el 18, si no había ni nacido en 1810?

A 36 años del pronunciamiento militar golpe de Estado, esta fecha es sinónimo de desmanes, disparos al aire y saqueos de supermercados de barrio. La pregunta republicana amante del orden suele ser “¿es este el Chile que queremos?”. Pero no es eso, si cada 11 de Septiembre, cada 27 de Marzo, y en cada marcha queda la cagada, es por algo. No es gratuito que en las imagenes transmitidas por TV se vean a niños levantando barricadas.

Supongo que es indiscutible a estas alturas que el ánimo del 11 de Septiembre sea otro. Ya no resalta tanto por ser un día en que se recuerda los miles de torturados, exiliados y asesinados, si no por ser un día en que a las 8 dejan de pasar de pasar micros, que hay que tener cuidado, que hay que comprar velas, etc. Al final, creo que a los que más le conviene el 11 de Septiembre son a los noticieros, que hayan un tema para llenar sus informes a lo largo de todo el día y a los supermercados y fabricantes de velas. Es más, yo vivo en La Reina, a una distancia considerable de Tobalaba con Grecia, pero aun así, la gente en el supermercado de la esquina se pelean las velas y el pan. Como si acá pasara algo.

Hoy en la noche veremos noticias de desmanes, de barricadas encendidas, y quizás (ojalá no sea el caso) uno que otro muerto. Lo primero que saltará a la cabeza de muchos al ver a los flaites dejando la cagada será “¿pero qué hacen protestando, si no habían nacido para el ’73?”. No protestan por nada ocurrido durante la dictadura, eso lo aseguro. Pero su reclamo (torpe, sin conducción, desbocado) no deja de ser válido. El descontento está, que no sea verbalizado en una consigna, de esas que tanto les gusta a los partidos políticos, no significa que los flaites destruyendo paraderos lo hagan sin razón.

¿Qué razones pueden ser? Eso no lo sé, puedo presumir que un cabro viviendo en una población, yendo a un colegio de mierda en una comuna de mierda tiene muchas cosas de que quejarse.

Pero definitivamente, poco se recuerda a los torturados y asesinados.

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