catpauer

El concierto de Cat Power no nos movía ni un pelo, pero era el “acontecimiento social de la temporada”, había que ir, nos gustara o no. Y al parecer así lo pensó todo el mundo. Borrachos, peleas y pacos, a continuación.

Cuando me dijeron que venía Cat Power pensé: ¿me gusta Cat Power? ¿O es simplemente otro caso de sobrevalorización absurda? Después del concierto la pregunta queda más que clara, pero la rica de Chan Marshall tiene algunas cosas a su favor; “Nude As The News” es una canción espectacular, y tiene varias otras de esa época que la llevan.

Luego de meditarlo y de observar los precios de las entradas la conclusión era evidente: ni cagando pago 11 o 20 lucas para ir a verla cantar “New York” versión blues 2.0 o “Angelitos Negros” al estilo bolero de Ravel en un dudoso español. Porque salvo un par de excepciones, el show era ese: la gira del Jukebox, el disco fome.

Así que sólo quedaban 2 opciones: No ir o… tratar de colarme o pagar dos lucas.

Martes, 21 de Julio de 2009. 19:00 hrs:

El Coronel Sebosnia ejecuta un llamado desde el cuartel central de Brontobeats hacia la base de Jaimada, alias “Lagartija Silvestre”:

Sebosnia: Weón, ¿vamos ahora?

Jaimada: Ehh… pero… está lloviendo.

Sebosnia: No seai marica.

Jaimada: Ya, ya, vamos.

Martes, 21 de Julio de 2009. 19:50 hrs, paradero de micro (localización secreta):

Sebosnia y Jaimada esperan la micro indecisamente. De pronto surgen frases del tipo: “oye y si nos quedamos en la casa y jugamos play2?”. La tentación de quedarse jugando Pro Evolution Soccer era difícil de controlar, pero finalmente, al pasar la micro, pudo más el convencimiento de estos gallardos y valientes soldados.

San Diego, 21:04 hrs.

Finalmente llegamos al Teatro Caupolicán y concluimos que la discusión que tuvimos en el camino era estúpida: el Caupolicán siempre ha quedado más cerca de Matta que de la Alameda; la droga nos ha destruido la memoria.

Una vez allí, ejecutamos nuestro plan maestro: le dijimos al compadre de la caja que éramos periodistas 2.0 y que queríamos hacer una nota sobre el concierto. El cabro éste, nos miro con cara de “aoonde la viste” pero igual, se fue a buscar al encargado de prensa. Regresó y nos dijo que no lo encontró.

Nos dijimos: “oh dios, todo esto ha sido en vano, qué haremos, qué será de nuestras pobres almas, oh pecadores” Pero rezamos un padrenuestro y la energía volvió a nosotros. Y estábamos dispuestos a cualquier cosa con tal de poder por ver a la Chan, que es enteramente mega rica.

Al cabo de unos pocos minutos, aparecen dos minas con pinta de simpáticas, y salen del teatro para irse a fumar unos cigarros. Una de ellas llevaba una credencial que decía DG Medios. Sebosnia y Jaimada, los temerarios web, no lo pensaron dos veces: “esta e’ la nuetrsha, mashucao” Le contamos el mismo dramón que al tipo de la caja y nos respondió que el encargado de prensa debería aparecer en cualquier momento por la puerta. Lo intentaron de llamar y después entraron y “lo fueron a buscar”. Supuestamente.

Mientras esperábamos, cuatro tipos trataban de entrar por la puerta principal. Uno de ellos estaba tan borracho que se tropezaba con el aire y no se podía mantener quieto en un mismo lugar sin perder el equilibrio. Obviamente no lo querían dejar entrar y nuestro instinto comenzó a detectar una oportunidad inmejorable para conseguir entrar al bendito recital.

Entremedio de la disputa de los tipos por ingresar al recinto, el famoso encargado de prensa apareció echando la talla con el tipo de la caja. No sé si efectivamente la mina de DG Medios lo llamó, pero el tipo de la caja  se compadeció y le dijo que fuera hasta donde estabamos nosotros. Nos preguntó de qué medio eramos, y nosotros, con la pachorra que nos caracteriza, le dijimos, de Brontobeats, la incipiente pero espectacular revista web que sacude las caderas de toda la nación. La respuesta nos cayó encima: “No tengo a nadie acreditado de ese medio”. Respondimos: “No, no alcanzamos a acreditarnos, pero queremos hacer una nota del concierto, ¿podemos?” y en un tono bastante más amable que en un principio, nos dijo que los cupos para periodistas ya estaban llenos.  Nuestro ingenuo intento por hacernos pasar por gente importante no resultó, pero aún no habíamos bajado los brazos.

De pronto, llegó carabineros para exigirle al borrachín que se fuera, y los amigos entonces, tuvieron que desistir y acompañarlo. Ahí Sebosnia atacó, como un puma patagónico en tiempos de apareo:

-Cabros, ¿nos regalan su entrada?

-No, te la vendo- dijeron.

-Mmm… weón, tengo 5 lucas -replicó sebosnia.

-Chaaa, ni cagando -respondieron, como si les hubiesemos pedido si es que nos chupaban el pico.

-Pero weón, si igual no las van a ocupar, ¿las van a guardar de recuerdo acaso?

-Sí -dijeron sin pensar los cagaos.

-Bonito recuerdo te vay a llevar, po -sentenció Sebosnia, con el carácter que lo caracteriza.

Entonces, Jaimada le dijo a Sebosnia: “Bueno, lo intentamos. Pero fumémonos un cigarro y nos vamos”. Apenas terminado el cigarro, aparecieron los tipos de antes que ya se habían deshecho del curaíto y nos dijeron: “¿Ustedes querían comprar?”. Respondimos a coro que sí, y le ofrecimos las cinco lucas por las dos. Tan weones no eran y nos dejaron las dos entradas a 10 lucas. Finalmente entrabamos a cancha ($19.000) pagando casi nada. Misión cumplida.

Adentro del Teatro Caupolicán, 22:07 hrs.

Entramos y la imagen era perturbadora: miles y miles de novios abrazando a sus novias, dándose besitos y diciéndose cositas tiernas al oído. Estuve a punto de vomitar, pero Sebosnia aplicó una técnica que aprendió en el Tíbet cuando era monje.

El concierto no había empezado hacía mucho. Miramos al escenario y ahí estaba: la super ricarda Charlyn “Chan” Marshal y la banda (una espectacular banda, hay que decirlo): Ron Jeremy en la batería, Viggo Mortensen en la guitarra, un primo canoso en el bajo y el weón de Anthony & the Johnsons en teclados.

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Ron Jeremy en Chile

Le dije a Sebosnia: “esta es la velada mas romántica que hemos tenido” a lo que Sebosnia contestó con una cachetada.

Llegamos muy cerca del escenario y ahí comenzó lo malo. Escuchábamos una canción tras otra, pero parecían una sola mega larga. Todas con un toque blues (Viggo Mortensen es el guitarrista de la increíble banda Jon Spencer Blues Explotion) pero así como suave, smooooooth, que no le hace daño a nadie. Y la bonita voz de Chan, pero que después de un rato empieza a chatear porque era demasiado suavecita, lo que no es malo, pero sí viniendo de su parte, ya que le conocemos mejores facetas.

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Aragorn en la guitarra encantada

Nadie coreaba las canciones, pero hay que decir que la chiquilla las mutó así que era difícil seguir las melodías, aunque cuando tocó Bob Dylan, el hombre que más muta las canciones en el universo, la gente igual se las arreglaba para seguirlas. Aunque en este caso no fue malo, porque el ambiente parecía más íntimo y además tampoco tiene ni un brillo el que la gente cante en los conciertos. Igualmente, no quiero apostar mi riñón a que nadie se sabía las canciones, pero mi angelito malo me dice que puede ser así. ¿Será que fue uno de esos conciertos en donde todos dicen que les gusta la banda,  pero en realidad todos encuentran bacán que les guste, mas allá de que sea verdad?

Luego vinieron un par de “San-tchi-a-gous” colados por ahí, pero nada muy flaite, nunca al nivel de Bono y la camiseta de la selección

La cosa es que el juicio de Brontobeats fue unánime: nos aburrimos como ostras, excepto cuando un loco gritaba “Cuánto sabeeee!!!”  y ahí el aburrimiento se transformó en enojo, jaja.

Al final la comadre regaló rosas y copias del setlist y obviamente nosotros agarramos casi todo, pero no, no había caso. El Jukebox lo encontramos más fome que el helado de papa y el concierto fue todo el Jukebox, más los bonus de las ediciones especiales y 3 o 4 temas de discos anteriores.

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